Rabindranath Tagore en el Mundo Occidental: ayer, hoy y mañana

Entre las incontables anécdotas que desde hace décadas ilustran la indiscutible influencia de Rabindranath Tagore en el mundo occidental, hay una, sobrecogedora como pocas, reveladora como ninguna otra, no tanto por lo que cuenta, sino por lo que de ella se infiere, que no es otra cosa que el auténtico y más profundo significado del mensaje de Tagore y el poder colosal de la carga simbólica que lo acompaña inevitablemente.

Por Beatriz Ledesma.

La anécdota se remonta a la Primera Guerra Mundial, pero la universalidad y la fuerza y vigencia de su mensaje permanecen intactas a través de los años. La historia, recogida por el dramaturgo alemán Carl Zuckmayer, quien luchó en el frente y había oído el suceso de boca de un sargento del cuerpo médico militar alemán, nos da una idea de la popularidad sin precedentes de la que gozaba el vate bengalí.

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Cuando un soldado indio de un regimiento Gurkha del ejército británico cayó prisionero en manos enemigas y sólo la amputación de una pierna podía salvarle la vida, el cirujano jefe buscó obtener el consentimiento de aquél hombre, o al menos alguna señal de confianza por su parte. Pero ni el soldado indio ni los oficiales médicos alemanes dominaban el inglés, y tampoco el soldado, por supuesto, hablaba alemán. Cuanto más empeño ponían en comunicarse con él, más nervioso se ponía y más se asustaba –habría oído probablemente historias aterradoras acerca del trato dispensado a los prisioneros enemigos.

Finalmente, el facultativo pensó en las únicas palabras indias que conocía. Inclinándose sobre el soldado transpirado le susurró: Rabindranath Tagore! Rabindranath Tagore! Rabindranath Tagore! Tras repetirlo tres veces, el soldado indio pareció comprender. Su cara se relajó, una tímida sonrisa se asomó a sus ojos cerrándolos después. El miedo se había desvanecido y asintió débilmente en señal de aprobación y como muestra de la confianza depositada en los médicos del bando enemigo.

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Todavía hoy el nombre de Rabindranath Tagore es sinónimo de esperanza, de concordia y tolerancia en las a menudo complejas y complicadas relaciones entre Oriente y Occidente. Rabindranath Tagore. La simple mención de su nombre evoca un mundo mejor. Rabindranath Tagore, su vida, su obra, lo que éstas representan, cobran hoy un vigor renovado. Rabindranath Tagore es aún hoy, símbolo de moderación y optimismo frente a la amenaza de los nacionalismos exacerbados y violentos, el consumismo desenfrenado, el menoscabo de los derechos humanos, el deterioro de la naturaleza o la sumisión y maltrato a la mujer o a la infancia.

Este ensayo pretende ser a la postre un humilde homenaje a la figura de Rabindranath Tagore con ocasión del 150 aniversario de su nacimiento. De alguna manera, todo homenaje a Tagore es ante todo un reconocimiento a la mujer, a la importancia de su papel en la sociedad y en el mundo, es pues una reverencia universal a la igualdad de géneros, pero también a la de clases, y es un canto a valores no menos grandiosos como el amor, la paz, la justicia, la libertad, la pureza, el respeto a la naturaleza, el progreso sostenible, la sencillez, la humildad, la sensibilidad o los derechos del hombre y del niño que el humanista se afanó por defender.

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