Lo fantástico en Julio Cortázar: Un estudio sobre Casa Tomada

Análisis sobre Casa Tomada de Julio Cortázar.

Por Beatriz Ledesma.

Al hilo de una conferencia sobre el cuento fantástico, el propio Cortázar dijo: “(…)Yo he escrito una cantidad probablemente excesiva de cuentos, de los cuales la inmensa mayoría son de tipo fantástico. El problema, como siempre, está en saber qué es lo fantástico. Es inútil ir al diccionario, yo no me molestaría en hacerlo, habrá una definición que será aparentemente impecable, pero una vez que la hayamos leído los elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se escaparán de esa definición. Yo no sé quién dijo, una vez, hablando de la posible definición de la poesía, que la poesía es eso que se queda afuera, cuando hemos terminado de definir la poesía. Creo que esa misma definición podría aplicarse a lo fantástico (…) Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis padres y mis maestros. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento (…) En la literatura lo fantástico encuentra su vehículo y su casa natural en el cuento, a mí personalmente no me sorprende, que habiendo vivido siempre con la sensación de que entre lo fantástico y lo real no había límites precisos, cuando empecé a escribir cuentos ellos fueran de una manera natural, yo diría casi fatal, cuentos fantásticos (…)”

Lo fantástico en Julio Cortázar es un fantástico sutil y peculiar. Cortázar utilizó de una forma muy personal las convenciones del género para crear unos universos narrativos tan convincentes como inquietantes. Y aunque todos sus cuentos no sean puramente fantásticos, los que lo son, como es el caso de Casa tomada, contribuyen determinadamente a perfilar la tipología de lo que es la narración fantástica moderna.

El concepto de literatura fantástica es difícil de definir; a veces incluso se ha dicho que la literatura fantástica se puede asimilar con la literatura, y el propio Borges llegó a decir, no sin causar cierta incomodidad, que “toda expresión del pensamiento humano es una rama de la literatura fantástica”.

En un intento por diferenciarlo de lo mágico y del realismo mágico, algunos han definido lo fantástico como un mecanismo literario que se basa sobre todo en la duda, el miedo, que trabaja con la inteligencia del lector que intenta descubrir las razones del enigma. Esto se da plenamente en Casa tomada en que el lector pronto presiente que algo enigmático sucede tras la puerta de roble, del otro lado de la casa. En cambio, lo mágico implica la existencia de algo sobrenatural, ancestral, que está en los orígenes de las civilizaciones, el misterio de la vida.

 Como explica el Profesor Becerra, el esquema realidad / irrealidad-fantasía que prevaleció en el siglo XIX no resultó válido en el XX. Las grandes poéticas de lo fantástico del siglo XX son latinoamericanas -principalmente Borges y Cortázar- y en el caso de Cortázar que es el que ahora nos ocupa, esta dialéctica de real / irreal no funciona. Cortázar utiliza lo que se denomina “realidad intersticial” (intersticio/ hueco/ fisura) y para ello recurre a una puerta como lugar de paso o tránsito entre dos lugares diferentes, que pueden ser el sueño y la realidad, lo real y lo irreal, la locura y la cordura, el sueño y la vigilia, etc. Las estrategias narrativas de Cortázar  se despliegan para explicar fundamentalmente estos lugares de paso, este tránsito que es un umbral de paso a otra dimensión diferente. Casa tomada, es fiel reflejo de esto ya en la descripción de la casa en que viven Irene y su hermano:

 “(…) avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa (…)” o “Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble (…)”.

Según Saúl Yurkiewich[2] los relatos fantásticos de Cortázar, sembradores de misterio, hacen vislumbrar lo oscuro, la ignota amenaza que acecha a la orilla o por debajo del mundo habitual, nuestro mundo admisible y discernible. Permiten atisbar otros posibles, un orden distinto, ignorados parámetros, otras magnitudes y otras relaciones. Los cuentos de Cortázar nacen de una visión desplazada, fuera de foco, o visión “intersticial” (“esa manera –según Cortázar- de estar entre, no por encima ni por detrás sino entre”). Ella va a posibilitar el gradual desfasaje y la sorpresa  que por ósmosis se infiltra paulatinamente. La escritura se propone “acorralar lo fantástico en lo real, realizarlo”. Así, en Casa tomada, un clásico dentro del género de ficción fantástica, el desarreglo enrarecedor nos proyecta más allá de lo aparente, por debajo de lo manifiesto, y permite al lector entrever poderes ocultos, el reverso de la realidad. Estos poderes ocultos o reverso de la realidad se exponen en el 6º párrafo por vez primera ante el lector de Casa tomada de este modo:

 “Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche, y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o la biblioteca. El sonido venía impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad. Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja de mate le dije a Irene[3]:

     -Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.

     Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.

     -¿Estás seguro?

     Asentí.

     -Entonces –dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir de este lado.

Como subraya el Profesor Becerra, las dos historias en Cortázar se cuentan a la vez, la tensión se centra ahí, y generalmente esta tensión se resuelve con un efecto sorpresa y según sus propias palabras, lo fantástico es fantástico si la tensión entre un orden y otro se mantiene. Ese orden más secreto y misterioso va ocupando la realidad cotidiana. Precisamente una característica de los cuentos de Cortázar es que se instalan en la cotidianidad. En Casa tomada, una pareja de rutinarios hermanos limpian, cocinan, ponen la mesa; repiten a diario los mismos rituales domésticos; sus aficiones son el tejido a mano y la filatelia. El hecho fantástico se presenta dentro del mundo conocido. Lo fantástico es una aparición de lo imposible en el mundo bien ordenado de la vida cotidiana:

 “(…) Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos platos sucios (…)”.

 Así hace funcionar Cortázar los efectos de la ilusión realista hasta abolir la distancia entre personaje y lector, entre mundo textual y mundo exterior. Concibe personajes verosímiles y abunda así el detalle de lo real fáctico, psicológico, para infundir un clima de confianza basada en lo viable del mundo representado. Y es en ese contexto del vivir conocido donde Cortázar aclimata lo fantástico. Por sibilina infiltración de perturbaciones inexplicables –los ruidos que hacen los invisibles invasores de la casa tomada y que indican su avance-, por diseminación de señales enigmáticas, Cortázar logra pervertir la credulidad relativa a lo normal, proyectar la historia hacia las fronteras de lo admisible, hacia la vulneración de lo real razonable.

 La tensión narrativa es proporcional al extrañamiento. Evidencias ininteligibles provocan una inestabilidad enigmática, una oscilación irresoluta  entre lo natural y lo sobrenatural, anomalías que no pueden ser asimiladas a lo razonable ni atribuidas a lo prodigioso, a lo milagroso. Según Yurkievich, ni realista ni maravilloso, lo fantástico cortazariano es intermediario; se sitúa en ese entremundo de las paravisiones que conecta con la imaginación profunda, primordial, con el trasfondo arcaico; conecta con el inconsciente colectivo, con lo hermético, con lo mágico, con las fuentes del sueño y del mito.

Como tantos cuentos de Cortázar, Casa tomada proviene de un sueño transcrito al despertar, traspuesto con rapidez y fidelidad a la escritura que lo registra mientras lo va configurando como relato literario. La escritura está alertada para capturar lo indeciso, lo fugaz. Siempre atento a las señales de extramuros, Cortázar guardaba clara memoria de sus sueños.

Bestiario, que incluye Casa tomada, aparece en 1951, el año en que Cortázar se instala en París; el autor tiene treinta y siete años y es éste el primer libro de cuentos que publica. El primer libro de cuentos que escribe, La otra orilla, se edita póstumamente. Ambos libros están ligados por un cuento en común, Casa tomada. Y un detalle menor, pero muy significativo, diferencia a una y otra versión del mismo cuento. En un parlamento de Irene, ella dice: “Fíjate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?”. Y en Bestiario se corrige la acentuación del verbo conjugado a la española y se lo sustituye por la inflexión rioplatense: “Fijate”. Discreto signo de un cambio lingüístico sumamente importante, simboliza la vuelta a casa; indica la determinación de adoptar la elocución local, no la lengua madre sino la materna, la lengua viva de la conversación porteña, el idioma de los argentinos. Para Yurkievich, este idioma oriundo que vosea y chechea, con sus rasgos peculiares discretamente marcados, constituye para Cortázar la matriz elocutiva; la asume en busca de lo vivo y vivencial, de naturalidad y autentificación, de verdad y verosimilitudes verbales. Está asumida, en definitiva, como dadora de identidad.

Bestiario implica una doble evasión: el exilio físico y la fuga a lo fantástico, fuga –matiza Yurkievich-  no de la realidad sino del realismo. Casa tomada, incluido por Borges en su Antología de la literatura fantástica, inaugura la voz, el ámbito y el modo de representación característicos de Cortázar. Revela una observancia rigurosa de las exigencias inherentes al cuento, netamente figurado como microcosmo cohesivo, autárquico, de máxima funcionalidad narrativa.

Becerra señala otra característica de los relatos fantásticos de Cortázar, que se cumple a rajatabla en Casa tomada, y es que “eso otro” no se nombra, los espacios enigmáticos no tienen nombre, son inefables. Así, Becerra apunta a la inefabilidad como un elemento de lo fantástico. La inefabilidad se expresa mejor en un género breve como el del cuento. Puesto que no podemos hacer estructuras o relatos prolongadísimos de lo inefable, lo fantástico –concluye Becerra- tiene en el cuento un género privilegiado.

Además, ese otro lado que no se puede decir o expresar parece regirse por leyes inexorables. Los hermanos de Casa tomada aceptan como algo fatal e irremediable los fenómenos que suceden en la casa[4]. Así, en Casa tomada también se pone de manifiesto ese desenlace inexorable, el lector puede intuir que, como finalmente sucede, antes o después tendrán que abandonar la casa.

Otra característica de lo fantástico es la aparición de lo siniestro y del shock que produce por vías estéticas. El siguiente párrafo de Casa tomada ejemplifica lo antedicho:

“-Han tomado esta parte –dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras  iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado soltó el tejido sin mirarlo.”

Finalmente, cabe concluir que en Cortázar lo fantástico interviene como apertura hacia lo inexplorado, como amplificador de la capacidad perceptiva, como incentivo imaginario para potenciar nuestra porosidad y adaptabilidad a lo desconocido. Lo fantástico es para Cortázar agente de renovación, forma parte del humanismo liberador.

 

 Referencias bibliográficas

Notas tomadas en clases impartidas por el Profesor Eduardo Becerra

Yurkievich, Saúl. Edición de las Obras Completas de Julio Cortázar, RBA 2005.

Conferencia pronunciada por Julio Cortázar en la U.C.A.B. de Venezuela.

Cortázar, Julio. Cuentos completos /1. Alfaguara, 2001.

[1] Conferencia de Julio Cortázar en la U.C.A.B.

[2] Introducción general a las obras completas de Cortázar

[3] Diálogo al que haremos de nuevo referencia en la página 6

[4] Ver diálogo que se recoge en la página 4